Existimos porque entendemos que la transformación de una sociedad no se delega. Hay espacios que el mercado no cubre porque no son rentables, y que la administración no cubre porque no son urgentes. Pero son espacios esenciales: los que producen conocimiento sin prisa, los que cuidan el territorio cuando nadie mira, los que ayudan a una iniciativa pequeña a no desaparecer en su primer invierno.
Cuando se constituyó la Fundación Galicia Sustentable en 2008, la pregunta no era si Galicia tenía problemas. La pregunta era quién iba a dedicarse a pensarlos a largo plazo. Quién iba a estudiar las dinámicas del rural sin presiones electorales, quién iba a documentar iniciativas ejemplares antes de que se perdieran, quién iba a traer al territorio voces que en otros lugares ya estaban cambiando la conversación.
Quince años después la respuesta sigue siendo la misma: la sociedad civil organizada. Personas que se asocian para hacer aquello que otros no hacen, y que lo hacen desde la independencia, la paciencia y el conocimiento.
Hay espacios que el mercado no cubre porque no son rentables, y que la administración no cubre porque no son urgentes. Pero son espacios esenciales.
Por qué seguimos trabajando por la sustentabilidad a pesar de ella
La palabra sustentabilidad está cansada. La hemos usado tantas veces que ya no significa casi nada. Cubre informes corporativos, programas electorales, declaraciones institucionales y estrategias de mercadotecnia que poco tienen que ver con lo que importa. Y aun así, no tenemos otra mejor.
Para nosotros sustentabilidad es una palabra de trabajo, no de eslogan. Significa que un sistema —un ecosistema, una economía local, un saber tradicional, una forma de habitar— puede persistir en el tiempo sin consumirse a sí mismo. Que genera las condiciones para su propia continuidad. Que devuelve a la tierra al menos tanto como toma de ella.
Por eso seguimos. Porque la alternativa —resignarse a un modelo que extrae sin devolver, que crece sin prosperar, que consume sin renovar— es peor que aguantar la fatiga de la palabra.
Para nosotros sustentabilidad es una palabra de trabajo, no de eslogan.
Cómo trabajamos
Creemos en el conocimiento como punto de partida. No hay transformación posible sin entender primero lo que se quiere transformar, y eso significa investigación seria, datos verificables y diálogo con el mundo académico. Pero el conocimiento que no se traduce en acción se queda en la biblioteca, así que también creemos en el terreno: en la finca experimental que ensaya lo que otros podrán replicar, en la escuela que forma a quien va a sostenerlo, en la red de iniciativas que demuestra que otro modelo no es hipotético.
Operamos en todo el territorio gallego, de lo urbano a lo rural. Buena parte de nuestra atención va hoy al medio rural porque es allí donde los procesos extractivos operan con menos resistencia institucional, pero nuestro propósito no se limita a ninguna geografía concreta dentro de Galicia. Ciudad y aldea son partes del mismo sistema, y ninguna de las dos resolverá sus problemas sin la otra.
Acompañamos iniciativas ejemplares, divulgamos referentes, tejemos alianzas entre actores que de otro modo nunca se sentarían a la misma mesa. Y cuando encontramos vacíos en los que nadie está trabajando —porque no interesa, porque no rinde, porque no urge—, los ocupamos.
Coherencia sin pureza
Trabajamos en imperfección. Quien investiga sobre sustentabilidad sabe que ningún proyecto real alcanza sus propios estándares de forma absoluta. Las herramientas digitales que usamos tienen huella, los alimentos que servimos en los foros vienen de cadenas que no siempre controlamos, los viajes a las sedes no son siempre en transporte público, los proveedores no son siempre los ideales.
No nos escondemos de eso. Tampoco lo usamos como excusa. La coherencia total es un horizonte, no un requisito de entrada. Si esperamos a la pureza para actuar, no actuaremos. Preferimos que un proyecto se haga con matices que no se haga por no encontrar el marco perfecto —pero ese "con matices" tiene que ser explícito, no silenciado.
Nos lo aplicamos a nosotros, y lo aplicamos a quien colabora con nosotros.
Qué clase de Galicia defendemos
Defendemos una Galicia que se entienda a sí misma. Que valorice sus recursos propios —el territorio, las personas, el saber hacer— y los transforme en oportunidades de futuro. Que no confunda crecimiento con prosperidad ni desarrollo con extracción.
Defendemos una Galicia con rural y con urbano, con investigación y con oficio, con tradición y con innovación. Una Galicia que aprende de otros lugares pero que no copia modelos ajenos: que construye los propios.
Y defendemos, sobre todo, que esa Galicia es posible. No porque sea fácil, sino porque ya se está produciendo en muchos lugares pequeños. Nuestro trabajo es asegurarnos de que ese tejido invisible no se rompa.
Por eso seguimos donde estamos. Por eso seguimos trabajando.